FILOSOFIA

La filosofía no es un pensamiento puro. La tarea de la filosofía no se reduce solamente a una argumentación legítima o simplemente a una preocupación por abstracciones. La vida de un filósofo  nace de una experiencia de conocer y vivir lo real, la vida de una persona hecha de carne y hueso. Esto es lo que se llamaría una filosofía vital, una filosofía que tiene a la persona humana en su centro. Una vida filosófica no consiste por eso, presumiblemente,  en reflexionar sobre el mundo a la distancia. Consiste, más bien, en una mirada que nos invita o nos llama a hablar, proponer y escribir sobre ella.

Por eso, la conversación filosófica y cualquier diálogo no están separados de lo humano. De esta manera, la libertad de la persona confronta lo real. La filosofía debe tener la humildad profunda de estar abierto a la discusión, a la corrección, a la rectificación que ha de abarcar y estar abierto a la categoría de posibilidad. Pero el diálogo filosófico, no es un fin en sí mismo. La filosofía es, sobre todo, la búsqueda de la verdad última de la realidad.

Si se pasa por alto esta dimensión, la filosofía no puede madurar pues terminará en un proyecto ideológico sirviendo  al poder.  La filosofía en esta visión es una tarea de la razón, pero también es, y principalmente, una obra de  la libertad. El filósofo no puede jurar fidelidad a una persona o a una escuela de pensamiento. No puede ser tomista, para recordar a Jacques Maritain, adhiriendo a la letra de Santo Tomás en cada artículo de su enseñanza. Lo que necesitamos no es una forma repetitiva de pensar, sino fidelidad a una tradición que nos inspira a pensar por nosotros mismos, a pensar y dejarnos provocar por la realidad. Por eso, las ideologías no tienen ningún negocio o interés para definir definitivamente la identidad humana. Sean ideologías de la “derecha” o “izquierda” da lo mismo, pues esos nombres no son, muy a menudo, sino una mera “disposición de temperamentos, al igual que un ser humano nace bilioso u optimista.” (Maritain)

FILOSOFIA PARA UNA REPUBLICA es una iniciativa educativa inspirado por el compromiso democrático de dar  centralidad de la persona humana, libre de prisiones ideológicas.

 

Philosophy begins with a fascination with things; it begins with wonder.  Philosophy means love of wisdom, attraction toward the reality of stuff given to us. This is not only an old claim – Aristotle made it – but it is one who is faithful to reality. Philosophy springs from the awe toward the beauty and the goodness of things.  Philosophy, finally, pursues wisdom and the truth of that reality whose aim is the Infinite. Philosophy is. Thus, the Philosophy is thus the systematic search for the ultimate causes and first principles of reality. In philosophy, reason enters into a relationship with the Infinite.  The mystery of the Infinite is reason’s greatest discovery, the revelation of the existence of something that is incommensurable to reason itself

Philosophy is not a pure thought. The task of philosophy is not one of legitimate argument or merely a preoccupation with a smothering of abstractions. The life of a philosopher is an experience of knowing and living the real, a life made of a person made of flesh and bones. This is what I call a personalist philosophy, a philosophy that has the human person at its center. A philosophical life is not one of retreat from the world that presumably allows one to ponder about things from a distance. It is, rather, life as an experience that invites or calls us to speak, propose, and write about it.

Philosophical conversation and any dialogue are not separate from human experience. In this way, the freedom of the person confronts the real. Philosophy must have the deep humility to be open to discussion, to correction, to rectification: it must embrace and be open to the category of possibility. Philosophy is, above all, the search for the ultimate truth of reality.

If this dimension is overlooked, philosophy cannot mature because it will already determine by an ideological project of those in power. This type of possibility becomes thus the supreme dimension of reason. Philosophy in this view is a task of reason, but it is also, and principally, a work of freedom. The philosopher cannot swear fidelity to a person or a school of thought. He or she cannot be a Thomist, to recall Jacques Maritain, by adhering to the letter of St. Thomas and to every article of his teaching. What we need is not a customary way of thinking but a tradition that inspires us to think for ourselves.

Ideologies have no business or power to ultimately define human identity. Being from the “right” or the “left,” is a mere “disposition of temperament, just as the human being is born bilious or sanguine.”(Maritain)