SOBRE MI

Me llamo Mario Ramos Reyes

Nací en Asunción. Paraguay

Crecí en un mundo concreto, con nombres propios, con calles que todavía recuerdo y con maestros que no enseñaban solo ideas, sino una forma de estar en la realidad.

La filosofía no llegó como un sistema.
Llegó como una inquietud.

Una pregunta que no se dejaba responder del todo.

Con el tiempo, esa pregunta se volvió camino.
Estudié, enseñé, escribí. Viví entre libros, aulas y conversaciones que, en el fondo, siempre giraban en torno a lo mismo: la verdad, la persona, la libertad.

He enseñado en distintos países. He participado en debates, en congresos, en instituciones académicas. Pero lo esencial no estuvo ahí.

Lo esencial fue siempre ese momento en que alguien empieza a ver.

Porque la filosofía, antes que una disciplina, es un acto de atención.

Este sitio nace de ese recorrido.

No para explicar lo ya sabido, sino para seguir pensando.

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En mis inicios, escribía columnas semanales en el diario Última Hora de Asuncion. No eran solo artículos. Eran intentos de comprender un país que salía del silencio y buscaba la democracia. Allí aprendí algo que no me abandonó: escribir no es informar. Es dialogar con la realidad.

Entre calles, cafés y bibliotecas, descubrí que la política no se entiende sin la cultura ni sin la filosofía, que la historia no es pasado y que la fe no está fuera de la vida pública.La posguerra fría

Después de 1994, mi atención se desplazó. Relaciones entre Iberoamérica y Estados Unidos. Bioética. Iglesia y Estado.

Escribía ensayos más largos. Recuerdo la redacción, el ruido de las máquinas, las discusiones. Aprendí que la palabra no solo describe. Actúa.

Mis textos cruzaron fronteras. Uruguay, otros espacios. Y entendí algo simple: la distancia no rompe una comunidad cuando hay una historia compartida.

Maestros

La formación había comenzado antes del doctorado. En la Facultad de Filosofía. Con Secundino Núñez. Aprendí a pensar con rigor. Y con algo más difícil: con sentido.

Luego, Estados Unidos: otra orilla, otro idioma, otro cielo. El pensamiento se afila cuando uno aprende a pensar desde el margen. El doctorado en la Universidad de Kansas, en 1997, marcó un momento. La disciplina encontró horizonte.

Jacques Maritain fue una presencia constante. Me enseñó que la filosofía no es un sistema cerrado. Es una forma de leer la realidad.

Siglo XXI

Entre 2003 y 2010 escribí para ADEC. Reflexionaba sobre Paraguay desde la Doctrina Social de la Iglesia. De esos textos nació La República, una tarea ética.

Luego participé en El Observador. Allí confirmé algo que ya intuía: cultura, política, educación y fe no son dimensiones separadas. Son una sola experiencia.

Hoy

Hoy me pienso como un transterrado. No es exilio. Es doble pertenencia.

Se puede habitar dos lugares sin perder ninguno. La patria no desaparece cuando uno se mueve. Se vuelve más consciente.

Apredí a vivir la distancia sin nostalgia paralizante. A convertirla en pensamiento. Otro sendero

Mi escritura ha tomado otro camino. O quizás el mismo, por otro sendero.

La narrativa. El cuento. La non-fiction. Descubrí que la filosofía no solo se argumenta.

También se narra.

Hay verdades que solo caben en una historia.